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El poder abasí llegó a su apogeo. Harún (Aaron el Justo, Califa de Bagdad en el 786 dC.) atacó repetidamente Asia Menor, pero siempre, al parecer, en respuesta de alguna agresión del Imperio Bizantino. Después de una de éstas agresiones, Harún escribió una famosa y breve réplica al emperador bizantino: “He recibido tu carta hijo de un infiel, y no oirás mi respuesta, la verás”. (El Cercano Oriente, Isaac Asimov).


domingo, octubre 28, 2012

El espíritu y el poder. Acción española.

Maeztu, Ramiro de.  El espíritu y el poder. Acción española. Madrid, 1936. Núm. 86, pág. 63-85. 


1. Crisis económica.

Maeztu constata que el origen de la crisis económica acaecida durante el período de entreguerras tiene un origen espiritual. El espíritu, sugería el filósofo, se vio imbuido por el materialismo de las sociedades modernas; sólo así se podía entender la aseveración de que un exceso de producción empobrecía a las sociedades. Las gentes deliraban en un consumismo de productos superfluos ó industriales, cuyo coste era cada vez mayor, con la consecuente devaluación los productos básicos o agrícolas. 

2. El espíritu del capitalismo.

Se percata de cómo el Capitalismo americano no atribuye su origen a su propia naturaleza, como definió Marx, sino que busca un referente en el plano espiritual, que encuentra básicamente en Webber (La ética protestante y el espíritu del capitalismo;1905). La teoría del alemán sostiene la preminencia histórica en Occidente de los países protestantes sobre los católicos, en la medida que los primeros no se ven lastrados por el ascetismo, la contemplación y el gasto superfluo de los segundos. La conciencia del trabajo en el ámbito protestante (con especial virulencia en el mundo calvinista), fue en aquellos lares el pilar fundamental para alcanzar la salvación ultraterrena entre los siglos XVI y XVIII.

3. El poderío militar.

Considera que la fuerza militar que desarrollan los Estados determina su posición en el Mundo, hecho incuestionable pero que según el autor no es suficiente como para convertirse en un valor instrumental que alcanzar.  La virtud guerrera de un pueblo (culto al valor, al honor y al heroísmo) puede encumbrarlo a un período de hegemonía y apogeo, pero no persiste en el tiempo sino viene acompañada de la fuerza del amor y del saber. 

4. La ciencia del poder.

Tomando prestado de Benjamin Kidd la definición de poder: “como la ciencia de organizar el espíritu individual en el servicio de lo universal”, el pensador sostiene que la finalidad de las personas es por naturaleza egoísta, pero es la sociedad, quién a través de la religión, sabe domeñar los impulsos y hacerlos beneficiosos para el resto. Un claro ejemplo lo fueron la Alemania, Italia y Japón de los años treinta. Maeztu asume lo anterior pero matiza que es el amor y el saber lo que actúa sobre el poder. Agrega además, que la sociedad, como depositaria del compromiso, debe de procurar la realización ulterior y el bienestar del hombre.

 5. Orden del espíritu.

El filósofo de Vitoria posee una concepción teológica del Ser Humano; que a su parecer se desdobla en un espíritu tripartito fruto de la unidad del poder, del saber y del amor. La propia naturaleza del hombre, arrojado por su amor, lo lleva a la búsqueda de lo infinito porque participa en las mismas esencias de la Divinidad.

6. El desorden y la Gracia.

La visión histórica de Maeztu es caótica porque considera que los hombres  tropiezan una revolución tras otra. Todos ellos cometen los mismos errores: se guían por criterios pelagianistas, es decir, que sólo confían el sí mismos y no depositan confianza en Dios. El vasco propone una conciliación entre la lógica y la fe, entre los espiritual y el esfuerzo físico.

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