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El poder abasí llegó a su apogeo. Harún (Aaron el Justo, Califa de Bagdad en el 786 dC.) atacó repetidamente Asia Menor, pero siempre, al parecer, en respuesta de alguna agresión del Imperio Bizantino. Después de una de éstas agresiones, Harún escribió una famosa y breve réplica al emperador bizantino: “He recibido tu carta hijo de un infiel, y no oirás mi respuesta, la verás”. (El Cercano Oriente, Isaac Asimov).


martes, junio 18, 2013

Sempre han tingut bec les oques


Mir i  Sans, Joaquim. Sempre han tingut bec les oques. Adesiara. Martorell, 2012.
 
Joaquim Mir i Sans (Barcelona, 1858-1919). Hijo de la burguesía, se licenció en Derecho por la Universidad de Barcelona en el 1881, obteniendo su Doctorado en Madrid al año siguiente. Fue miembro fundador del Institut d’Estudis Català, primera de las instituciones académicas de la región que siguió un criterio científico en el estudio de la Historia.

Jamás recibió formación reglada en dicho campo, lo que despertó suspicacia y recelo en algunos historiadores, quienes lo tildaron de arribista. Lo cierto es que gran parte de su ataque se cebó en lo personal, pues muchos no perdonaron lo que fue una de sus mayores debilidades: los burdeles. 

Su otra pasión fueron los viajes. Recorrió varios de los países norteafricanos y del Próximo Oriente, para conocer de primera mano las ruinas y los tesoros dejados por las civilizaciones antiguas. 

Lo que no puede negarse en modo alguno es su adhesión al positivismo, ya que sus obras fueron fruto de la exhaustiva indagación documental, habiendo constancia de numerosas visitas a los grandes archivos europeos, como los de Madrid, Sevilla, Gante o París.

Entre sus principales obras se hallan Investigación histórica sobre los Vizcondes de Castellbó, con datos inéditos de los Condes de Urgell y los Vizcondes de Ager (1900), Les cases de templers i hospitalers en Catalunya (1910) y este que nos trae en esta ocasión: Sempre han tingut bec les oques (1906).

Si muchos fueron sus detractores, otros tantos lo laudaron. Y no sólo por su obra, sino también por el meritorio hallazgo de un documento trascendental en el desarrollo de la cultura regional, como lo fue el primer manuscrito en lengua catalana, perteneciente al siglo XIII y publicados por él mismo bajo el nombre de Homilies d’Organyà[1].
 
Acercándonos al final de su vida, en el año 1909, recibió el reconocimiento por promover el uso del catalán como lengua de cultura, ingresando en la Reial Academia de Bones Lletres.

Sempre han tingut bec les oques[2]. Apuntacions per a la història dels costums privats es un libro que nació con la intención de desmitificar el pasado histórico de la Edad Media catalana, que debe su origen a la Renaixença[3]. El instrumento que utiliza para ello es la microhistoria, un género por el que el autor sentía una fuerte atracción.

Como fuente se sirvió de varios pliegues de documentación jurídica y notarial extraídos del Archivo de la Corona de Aragón y de las comarcas del derredor, en los que se instruye a personajes de distinta raigambre social. 

En ellos se observa como la corrupción se extendía a todos los niveles de la sociedad, con la salvedad de qué los grandes se amparaban en su condición para salir airosos de las innumerables tropelías que cometían. Los chicos, naturalmente, no disponían de medios para eludir la justicia. 

Aunque parezca imposible, la corrupción política y monetaria era mayor en aquella época que en la presente. Los casos seleccionados por Miret i Sans ponen de manifiesto hasta qué punto el delito vertebraba las relaciones políticas, siendo muy comunes la simonía, la malversación de fondos y el abuso de la autoridad pública. El cargo de delegado real, por ejemplo, fue unos de los más codiciados por las gentes de alcurnia, pues en él veían el instrumento necesario para legitimar sus fechorías. Todo era posible si se hacía “En el nombre del Rey”. 

En lo social, el vicio se reflejaba en los hábitos sexuales. Los desmanes más perseguidos fueron la sodomía, el incesto y el proxenetismo. Nobles y clérigos de rancio abolengo eran ínclitos a éste tipo de usos, que acometían sobre aquellos desdichados que se cruzaban por su camino. En muchas ocasiones, los agraviados eran conscientes de su vulnerabilidad ante la ley, por lo que trataban de llegar a un acuerdo con el opresor, quién le daba un aguinaldo para evitar el injurio de su reputación. Esto era lo que más preocupaba a los poderosos, porque la ley, como delatan los estudios de Miret i Sans, les hacía prácticamente invulnerables. Las pocas veces que eran declarados culpables, apelaban al privilegio, buscaban el amparo de un poder superior que instara el veredicto o se cuidaban de que un lacayo asumiera sus crímenes.

Una última idea que trastorna por completo el imaginario de la Edad Media es el generalizado ateísmo que imperaba en aquella época, siguiendo la gradualidad de qué a mayor dignidad más férreo era su descreimiento en lo trascendental. Nada que reprochar si se trataba de seglares, pero lo cierto es que hay testimonios de que la negación de Dios había arraigado con fuerza en miembros de la comunidad religiosa.


[1] Se trata de unas anotaciones al margen de las exhortaciones teológicas, en dónde un presunto canónigo anotó la traducción del latín a su lengua vernácula.
[2] Una locución aproximada en español es la siguiente “En todas partes cuecen habas”.
[3] Como movimiento cultural es una extensión del Romanticismo europeo, que en plena exaltación del patriotismo, dulcificó  y creó un pasado histórico a su medida. En la región catalana supuso también el reencuentro del idioma regional, el catalán, con la producción literaria, cuyos últimos estertores se remontaban al siglo XV.
 

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