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El poder abasí llegó a su apogeo. Harún (Aaron el Justo, Califa de Bagdad en el 786 dC.) atacó repetidamente Asia Menor, pero siempre, al parecer, en respuesta de alguna agresión del Imperio Bizantino. Después de una de éstas agresiones, Harún escribió una famosa y breve réplica al emperador bizantino: “He recibido tu carta hijo de un infiel, y no oirás mi respuesta, la verás”. (El Cercano Oriente, Isaac Asimov).


domingo, octubre 14, 2012

El sable del Caudillo

Vilallonga, José Luis de. El sable del Caudillo. Plaza & Janés. Barcelona, 1997.

 

Polifacético autor que combinó su vida literaria junto a otras profesiones, como la de periodista, actor o guionista; fue un monárquico contumaz y un férreo opositor al Régimen de Francisco Franco. Titular del Marquesado de Castellvell y perteneciente a la Grandeza del Reino ejerció de portavoz de la Junta Democrática de España en París, institución de la que fue uno de sus miembros más distinguidos.

En ésta obra, recoge de forma novelada los dimes y diretes que acompañaron a la vida del General Franco desde su tierna infancia en la portuaria y decrépita ciudad de El Ferrol hasta su defunción en el madrileño Hospital General de La Paz en el año 1975. No obstante, el autor centra su trabajo en los principales episodios que marcaron su existencia: su paso por la Academia Militar de Zaragoza, la sangrienta campaña de pacificación del Marruecos español y el Alzamiento del 18 de Julio de 1936, que conllevó a uno de los acontecimientos más emblemáticos y terroríficos del siglo XX: la Guerra Civil Española.  La visión del Caudillo frente al mundo que le envuelve, sus glorias e infortunios, sus esperanzas e inquietudes son plasmadas en el papel de forma directa o bien por cuenta de terceros: la camarilla de inseparables que rodeó al Dictador en vida y que fueron decisivos en su devenir, dónde ocupan un lugar preminente su esposa doña Carmen Polo, su primo Pacón y los principales espadones rebeldes: Mola, Yagüe ó Queipo de Llano.

La sencillez del texto es la mejor baza a favor de la novela aunque hay que precisar que no aporta ningún dato nuevo  de la savia del General, no siendo la mayoría más que simples cuchicheos difíciles de verificar. Se echa en falta capítulos dedicados a la etapa dictatorial del protagonista, que el autor elude señalando el grisáceo color de los mismos, pero que a buen recaudo hubieran enriquecido su obra. Se aceleran pasajes como la II Guerra Mundial y se omiten otros tan importantes en su mandato como lo fueron los autárquicos años del hambre, las acciones perpetradas por los opositores al Régimen, el reconocimiento internacional por parte del  Vaticano y los Estados Unidos de Norteamérica ó las tensiones internas habidas entre los grupos afectos, que conllevaron a paulatinos cambios ministeriales y giros de la política gubernamental.

La obra degenera en los últimos capítulos, pues de forma descarada la convierte en un panegírico de Juan Carlos I, personaje que rivaliza en protagonismo con el mismo Caudillo. Son los renglones con mayor carga ideológica y por ende también los más onerosos del leer.

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